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Mi Historia...

Nazco en un pequeño pueblo de la provincia de Barcelona en 1980. Soy la cuarta de cinco hermanos y aunque mi infancia la recuerdo feliz y compartiendo con mi familia también recuerdo sentir una gran soledad y tristeza.

En la adolescencia recuerdo sentirme “un bicho raro” y tener dificultades para hacer amigos. Un día, mis compañeras empiezan a dejarme de lado sin que yo entienda qué ha pasado y me quedo con la sensación que “no soy como debería ser para que me acepten”.

Sigo con mis estudios: la carrera de psicología, el doctorado en investigación psicológica y, en paralelo, el máster de terapia familiar sistémica. A la vez, empiezo a trabajar como becaria de investigación y unos años después como técnica de gestión de la investigación. Ya finalizando el máster inicio mi consulta privada de psicoterapia.

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A nivel laboral y formativo voy progresando, sin embargo en mi vida social y en mi familia parece que se repite una y otra vez la misma historia: intento encajar, hago amigos y de repente vivo otro rechazo, sin que yo entienda muy bien el porqué. Haga lo que haga, otra vez vuelvo a la misma sensación que “no soy como debería ser”.

El dolor por el rechazo es demasiado grande y no puedo soportarlo así que poco a poco construyo un personaje con el que relacionarme con los demás, alguien que se ajuste a lo que los demás quieren y esperan de mí. Me escondo detrás de este personaje y sin darme cuenta me acabo creyendo que yo soy él y me olvido de quien soy en realidad.

Pero no consigo sentirme feliz. A menudo, sin saber bien el motivo, me siento triste y vacía. Por mucho que lo intento, no logro contentar a todo el mundo y al intentarlo no hago caso a mi intuición por lo que cuando fracaso pienso que soy un fraude y que no merezco ser querida. Me creo víctima de lo que me sucede y por eso estoy continuamente enfadada. Pero tengo que esconder todo esto para que me quieran… Todo esto me produce una gran tensión interna que se refleja también en mi cuerpo con dolencias y contracciones musculares.

Llegar a cambiar esto ha sido un camino largo, intenso, con pasitos hacia adelante y hacia atrás, con pausas y sprints… un poco de todo, según puedo y quiero en cada momento. Como parte de mi formación de psicoterapeuta hago un trabajo grupal en el que nos proponen una mirada hacia nosotros mismos. Y al tener que mostrarme empiezo a tener ansiedad por lo que hago también una terapia personal en la que descubro el papel que he jugado en mi familia y como se traslada a las otras áreas de mi vida.

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Entonces hago varios cursos de crecimiento personal, buscando seguir formándome a la vez que me empujan a seguir mirándome y caminando así hacia un cambio. La programación neurolingüística (PNL) me ayuda a darme cuenta que mis corazas impiden que los demás sepan cómo me siento. Con la hipnosis Ericksoniana en PNL empiezo a compartirme pero con mucha cautela. La formación como doula me ayuda a reconciliarme con mi energía femenina y mis ancestros. Pero la transformación profunda llega con la bioenergética transpersonal, que me enseña la importancia del cuerpo físico en cualquier proceso vital.

Con la bioenergética transpersonal empiezo un proceso grupal de 4 años, que acompañaré con terapia individual. A partir del movimiento, el baile, el masaje, el compartir… aprendo a reconocer, entender, amar y soltar las corazas que he construido alrededor de cada uno de mis cuerpos (físico, mental, emocional, relacional y espiritual). Y dejo que poco a poco aparezca mi ser auténtico, sin forzarlo ni juzgarlo.

Con este proceso, y después de más de 15 años trabajando como psicoterapeuta con éxito en distintos programas del ámbito público, social y privado, decido tomarme un descanso. Mi profesión se ha convertido en algo automático y quiero reencontrar un sentido más amplio y más profundo que me recuerde porque me gusta dedicarme a esto. Siento que necesito hacer un paréntesis del Hacer para destinar tiempo al Ser.

«Y vuelvo al cuerpo, a la práctica y a la disciplina del trabajo físico porque no solo se trata de entender, hay que vivirlo y es ahí donde nace una transformación profunda»

Me doy cuenta que he estado tan centrada e identificada en eso que hacía que no sé quién soy realmente. Entro en un periodo de escucha interna, de mirada hacia dentro que genera movimientos en mis pilares. Mirando mi historia de conflictos externos y luchas interna aparece la ansiedad. Y vuelvo al cuerpo, a la práctica y a la disciplina del trabajo físico porque no solo se trata de entender, hay que vivirlo y es ahí donde nace una transformación profunda.

Me doy cuenta que estos supuestos “problemas” (conflictos, luchas internas, ansiedad, juicios, miedos…) como puertas de transformación interna. Unas puertas que me permiten descubrir mensajes ocultos sobre quién soy y la manera como vivo la vida.

Y descubro que para vivir de forma coherente con lo que pienso, siento y hago debo comprometerme conmigo misma. Esto implica seguir en mi vida cotidiana una rutina de trabajo físico, para que el cuerpo me ayude a sostener los retos que me propone la vida, y una práctica espiritual, para que no me deje llevar por la inercia de lo conocido.

«Y vuelvo al cuerpo, a la práctica y a la disciplina del trabajo físico porque no solo se trata de entender, hay que vivirlo y es ahí donde nace una transformación profunda»

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